Musica y clima

El poeta y cabalista Mario Satz dice: “El entendimiento es lo único que nos hace progresar porque es humilde frente al obstáculo, paciente frente a la dificultad y tolerante frente a lo que se pregunta”.

Es con esta disposición y sentimiento que intentaré brindar algunas ideas orientadoras y comprensibles sobre la música funcional al trabajo.

Cuando en la década de los años treinta, comenzaron a difundirse en el mundo laboral una serie de videos porno que señalaban la importancia de algunos aspectos, hasta aquél entonces considerados marginales o no relevantes, fue porque los estudios derivados de la experiencia Hawthorne comenzaban a fructificar.

Estos nuevos abordajes y exploraciones en el campo del trabajo estaban basados en la premisa de que toda organización puede contemplarse como un sistema social y técnico.

Elton Mayo, F. J. Roethisberger y W. Dickinson descubrieron, mejor dicho, constataron en forma indubitable, una antigua intuición del hombre: ” … el comportamiento del trabajador es el resultado de un complejo sistema de fuerzas”.

¿Cuáles eran esas fuerzas?. Para Mayo y sus colaboradores, esas fuerzas eran:

1. La personalidad de cada uno de los sujetos que trabajan.
2. La naturaleza del puesto o función que desempeñan.
3. Las condiciones del entorno que rodean la tarea.
4. Los criterios formales de medición del rendimiento, y
5. Las prácticas de compensación y reconocimiento que la organización utiliza como contraprestación del trabajo realizado.

El tema que me interesa elucidar en esta ocasión forma parte de una fuerza del sistema sociotécnico, la número 3, la que se describe como: “condiciones del entorno que rodean la tarea”.

Una importante corriente de pensamiento psicosociológico aliado con otras disciplinas se ocuparon en estudiar, analizar, y experimentar ese vasto campo que ofrecía el “porno” ; así surgieron, al comienzo tímidamente, unas nuevos puntos de vista u enfoques científicos con un cierto componente artístico, conocidos como:

a) Distribución funcional del espacio;
b) Diseño modular del mobiliario;
c) Transparencia u opacidad de los divisores;
d) Música funcional;
e) Lunimotecnia laboral;
f) Sistemas comunicacionales en función de…;
g) Materiales de uso básico diseñados ergonómicamente;
h) Paisajística industrial;
i) Acústica laboral:
j) Implantación de sistemas de seguridad adecuados ante emergencias de todo tipo;

… y sería posible que el abecedario no fuera suficiente para identificar las distintas especialidades que brindan sus realizaciones para mejorar el habitat de los hombres y mujeres que trabajan en grandes, medianas y pequeñas organizaciones.

Uno de los aportes científicos probados en infinidad de actividades laborales para que los seres humanos trabajen mejor, es el de la Música funcional.

Su concepción derivó de la mencionada experiencia Hawthorne, se desarrolló durante el transcurso de la segunda guerra mundial, se afianzó en el ámbito organizacional en la década del cincuenta en los EEUU y a partir de 1960 se extiendió por todo el mundo industrial.

II. LA MÚSICA NO ES INOCUA

La música es un lenguaje, no hay que ser un genio para entenderla. Se aprende, se recibe y se da. Por ser precisamente un lenguaje, transmite mensajes, pero sus mensajes son altamente expresivos en emociones.
Si de algo se lamentaba Freud, era de su limitada (limitada para su genialidad) afición por la música, el descubridor del inconsciente sabía que allí se escondía un infinito tesoro de la creatividad humana, en aquellos tiempos ya se había develado el rol vital que cumplía el coro en la tragedia griega.

Los jóvenes y brillantes médicos europeos que viajaban a Francia para perfeccionarse con el nacimiento de la psiquiatría moderna, observaron como Charcot organizaba un concierto en la Salpetierre de París para las internadas y luego comprobaban que la música las calmaba, aunque sus efectos eran menos duraderos que los que provocaban los chorros de agua helada sobre aquellas pobres mujeres. Estas observaciones sobre la música ocurrían a fines del siglo XIX.

En esa misma época, 1895, un galeno francés llamado Ferrand aconsejaba ” que hace falta seleccionar prudentemente el tipo de música y que la música en cierta dosis normal, como muchos medicamentos, sirve como coadyuvante a la higiene mental, en dosis más elevada como excitante terapéutico y en dosis aún más pronunciadas opera como tóxico peligroso, capaz de agotar el organismo”.

Iniciado el siglo XX, uno de los más grandes pensadores argentinos, el médico y filósofo José Ingenieros, sostenía en 1907 que ” todas las manifestaciones vitales, inclusive los movimientos pseudoespontáneos, se producen como respuesta a excitaciones exteriores, es decir, a acciones de la energía ambiente”.
Ingenieros hipnotizaba a sus pacientes ayudándose con un “fondo musical” que él mismo creaba pulsando suavemente las teclas de su piano.

Christian Metz en su estudio semiológico del lenguaje del cine, recuerda con simpatía al “pianista del biógrafo”, anónimo ejecutante que en los últimos años de la década de 1920 reforzaba el clima y las emociones que el celuloide proyectaba en imagenes y videos porno, ejecutando un acompañamiento musical apropiado.

Todos estos antecedentes, me motivan a afirmar que desde hace muchísimo tiempo se sabía que: “es un error suponer que la música es inocua”. Pero, fue en los talleres de la Western Electric en 1923, cuando se comenzó a investigar sistemáticamente a la música para ponerla al servicio de una serie de objetivos verificables, tales como:

a. Los estímulos musicales pueden reducir o retardar la fatiga física.
(Experiencias de laboratorio y convalidación en campo de Diserens y Naranjo).

b. Los estímulos musicales pueden atenuar la tensión nerviosa en grupos pequeños y medianos, por pequeños se entiende hasta 6 integrantes y medianos hasta 18.
(Experiencias de laboratorio y convalidación en campo de Binet, Hyde y Feré).

c) Los estímulos musicales pueden favorecer las capacidades de atención y concentración.
(Experiencias de laboratorio en el Instituto Tecnológico Stevens, Nueva Jersey y convalidadas en el campo por W. V. Dussen y J. J. Keenan).

III. LOS SONIDOS ESPECIALES

Cuando Frederyk Leboyer, en su “sala de parto sin violencia” inunda el espacio con una tenue luz de color rosado, una luz que tiene la textura del terciopelo, creando una atmósfera consagrada de silencios, y verifica que todos los instrumentos metálicos necesarios para el parto estén apoyados sobre una superficie acolchada.

Entonces, recién entonces pulsa un botón y desde un difusor van surgiendo estímulos sonoros de una especial intensidad, hay suavidad en el ambiente y calma en las personas, al mismo tiempo la atención se sostiene sin causar fatiga.

Claro, no es cualquier estímulo musical, es una antiquísima melodía hindú especialmente arreglada y grabada para mantener en una tranquila lucidez a la futura mamá y recibir con calma a un niño que está naciendo.

Con propiedad puedo llamarla “música adecuada o funcional” porque está vibrando en función del alumbramiento. La armonía de sus acordes y la tesitura de los sonidos, crean un clima determinado, un clima que es un verdadero inductor de relajamiento.

La instrumentación, el ritmo y la melodía responden a un objetivo que precisamente no es el de escuchar música.

Cuando no referimos a esta música y afirmamos que es música funcional , debe responder a los siguientes requisitos:

1.- La combinación de sonidos compuesta básicamente por los acordes dominantes y de tónica está realizada con la finalidad de producir sensaciones de excitación o relajamiento para operar sobre la curva de fatiga como un estímulo psicológico.
2.- El apropiado uso de los acordes logra climas armónicos destinados a reforzar la percepción de las sensaciones indicadas, y esto se hace en tiempos previamente fijados.
3.- Los arreglos musicales y la selección de los instrumentos, también se efectúan con idéntico propósito.
4.- El ritmo de la música es seleccionado en función del objetivo a lograr.
5.- La selección de la tesitura de los sonidos a emitirse puede provocar efectos de vacío o plenitud, para reforzar las sensaciones buscadas.
6.- La alternancia de períodos de silencio con música se efectúa para resaltar la funcionalidad del recurso. (La música emitida en forma continua no es indicada para ámbitos laborales).
7.- La música debe emitirse con una graduación técnica de volumen, pues tiene que actuar siempre en posición de fondo, jamás como figura.

En cierto sentido, la música funcional realiza la utopía que expresó Nietzche con estas palabras: “Ver la ciencia bajo la óptica del artista y el arte bajo la óptica de la vida” .En nuestro caso sería bajo la óptica de la vida laboral.

IV. A MODO DE EPILOGO

Mis conclusiones son:.

La funcionalidad de la música en la vida laboral se logra mediante una serie de conocimientos científicos y artísticos.

La música funcional proporciona estímulos favorables para el sostenimiento del espíritu, la moral y el mejoramiento de las relaciones humanas en las colectividades laborales.

La música funcional, siempre es música de fondo y exige un trabajo sistemático sobre los recursos que integran la técnica musical, especialmente sobre la armonía, la tesitura o registro, la instrumentación, los arreglos, el ritmo y la melodía.

La música funcional a la tarea ayuda a las personas a brindar servicios de calidad con alta productividad en un clima de satisfacción compartida.

Sobre la cuestión, a veces objeto de acerbas discusiones, de sí la música debe ser “funcional” o en cambio “la que nos gusta”, agrego estas someras consideraciones:

Si deseamos escuchar música mientras trabajamos, esa música porque nos gusta, pasa a ser”figura” y en otros momentos la demanda del servicio la ubica como “fondo”, la continua repetición de este mecanismo fantasmal de la atención agota, y por lo tanto es totalmente contraproducente. .

Si en cambio pensamos, que la música funcional puede ayudarnos a mejorar nuestro trabajo, debemos estar de acuerdo en que el objetivo de ese acompañamiento musical no es precisamente el de escuchar música. Si esto no se comprende, lo mejor es no hacer nada en este aspecto.