No he recibido educación académica, así que mis retratos son, en parte lo que veo y en parte inventados o dictados por la persona y la propia obra. En ese momento, cuando la persona dicta la manera en que yo hago el retrato, es cuando entra en juego la intimidad.
Estoy en una edad en la que no necesito un “viaje de ácido” para sentirme desnudo, para sentir que no existo. Ahora, un autorretrato es casi una forma de recordarme a mi mismo que aún existo.
Cuando te sientas durante una hora y media en frente de alguien, ésa persona muestra unas veinte caras diferentes. De manera que se convierte en una caza loca ¿Qué cara? ¿Cuál de todas es la adecuada?.
En mi cabeza, yo estoy en una de esas cuevas budistas, donde se ven un centenar de caras de Buda sobre la pared. En mi cabeza, estoy en un viaje de ácido a los diecisiete años, cuando me vi a mi mismo cayendo sucesivamente cada minuto, como si estuviera muriendo a cada instante.
Cuando miro el dibujo de una persona, lo que veo es una persona con vida. No sé como explicarlo, pero para mí una fotografía es un recuerdo constante de como fue alguien el día concreto en que se tomó. Cuando miro una acuarela de la misma persona, me parece que tiene vida, algo más abierto que una fotografía.
Creo que los poetas están más cerca que yo de la idea de voz, de ese tipo de canción primaveral en la que todos participamos. Quizá expresen de manera más directa la sensación de simpatía por otros seres humanos. Pintar tiene algo más de retrato de los seres humanos en la vida real; pintar tiene más que ver con los momentos extremos en los que el diálogo no ayuda en absoluto.
Links Relacionados:
Biografía y obra original
Libros

